La salud ambiental está jugando un papel importante en el mundo contemporáneo. Las grandes ciudades soportan niveles de contaminación muy severos, lo cual empeora los pronósticos de enfermedades como asma o Epoc. Desde este blog de salud repasamos la contaminación ambiental: no sólo el aire está contaminado.

Y los ríos, los mares, el suelo,… La contaminación ambiental nos golpea a través de múltiples factores, pero lo peor es que no somos conscientes de ello. Vivir en una gran ciudad implica soportar niveles de contaminación extremos: el aire y el ruido son los que más se dejan notar.
Así, tan sólo en Europa un 20 por ciento de la incidencia total de enfermedades se atribuyen a los factores ambientales que se producen en las ciudades industrializadas, según datos de la Unión Europea. Por su parte, la Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que los niveles de contaminación deben situarse entre 25 y 30 microgramos de partículas nocivas por metro cúbico. Pese a ello, las grandes ciudades superan con creces esta cifra.

Por tanto, podemos decir que, en términos generales, el aire es el principal foco de contaminación ambiental: el humo de los tubos de escape de los coches, de los cigarros o de las fábricas son los mayores responsables de ensuciar el aire que respiramos.
Ahora bien, no sólo el aire está contaminado, ya que, por desgracia, el agua de mares y ríos también sufre la contaminación ambiental. En este caso, la contaminación procede de los desechos o de los drenajes, y la cantidad de mercurio en mares y en peces se dispara. Por su parte, el suelo también está contaminado, fomentado por la acumulación de residuos sólidos.

Junto a ello, la contaminación acústica es otro de los factores que más se dejan notar en las ciudades, afectando a nuestro organismo más de lo que pudieras creer: desde pérdida de audición hasta problemas en el sistema cardiovascular o digestivo.

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