Información actualizada el 05/02/2024
Las enfermedades cardiovasculares están condicionadas por factores de riesgo tanto mayores como menores, que pueden clasificarse en modificables y no modificables. Entre los no modificables, encontramos los antecedentes hereditarios, el sexo (los hombres tienen un mayor riesgo que las mujeres hasta la menopausia femenina, momento en el que el riesgo se iguala) y la edad (a partir de los 40 años, el riesgo de estas enfermedades aumenta significativamente).
Actuar en los factores no modificables es casi imposible. Sin embargo, podemos influir positivamente en los factores modificables, entre los que destacan la hipertensión arterial y el colesterol. Estos aspectos pueden ser controlados eficazmente a través de la alimentación y la actividad física, la cual juega un papel crucial en la reducción del riesgo cardiovascular.
El sedentarismo como factor de riesgo emergente
El sedentarismo, previamente considerado un factor de riesgo menor, ha ganado relevancia en la actualidad. Al analizar en conjunto todos los factores – colesterol elevado, tabaquismo, hipertensión – se destaca el sedentarismo como un elemento común y significativo en la exacerbación de estos riesgos.
Efectos de la actividad física en el corazón
Mejora de la Eficiencia Cardíaca La actividad física es fundamental para mejorar la eficiencia del corazón.
Incremento de la Eficiencia Cardíaca El corazón de una persona activa no depende excesivamente de la frecuencia cardíaca para responder al esfuerzo; en su lugar, incrementa el volumen sistólico, es decir, la cantidad de sangre expulsada en cada latido, lo cual resulta ser un método mucho más eficiente.
Además, la actividad física regular eleva el colesterol HDL (bueno) y aumenta el metabolismo basal, contribuyendo al control del peso y reduciendo el riesgo de enfermedades coronarias.
Consejos para Incorporar la Actividad Física en la Rutina Diaria
Para beneficiarse de la actividad física, es esencial incorporarla en la rutina diaria. Incorporar la actividad física en nuestro día a día puede parecer desafiante, pero con estrategias simples y efectivas, es posible hacer del ejercicio una parte natural de nuestra rutina.
Establecer Metas Realistas
Empieza con metas alcanzables. No es necesario iniciar con rutinas extenuantes. Establecer metas pequeñas y realistas, como caminar 15 minutos al día y aumentar gradualmente la duración, puede ser un buen punto de partida.
Llevar un diario o utilizar aplicaciones móviles para rastrear tus actividades y progresos puede ser motivador y te ayudará a mantenerte en el camino correcto.
Incorporar actividades en tu vida diaria
Pequeños cambios, como subir escaleras en lugar de usar el ascensor, pueden sumar significativamente a su actividad física diaria.
Integra caminatas cortas durante tu jornada laboral, como paseos durante las pausas o caminar mientras hablas por teléfono.
Hacer ejercicio no tiene que ser aburrido. Elige actividades que disfrutes, como bailar, nadar o andar en bicicleta.
Planificación y organización
Trata la actividad física como cualquier otra cita importante. Agendarla puede ayudar a garantizar que se mantenga como una prioridad.
Además, puedes participar en actividades físicas con amigos o familiares. Practicar deporte acompañado no solo aumenta la motivación sino que también fortalece las relaciones sociales.

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