En principio es bueno saber que están considerados como uno de los más grandes descubrimientos de la medicina farmacológica de este siglo, cuyos alcances seguirán siendo modernos aun en el próximo. Están reagrupados en una clase de medicamentos, que tienen como denominador común el que su origen proviene de una hormona descubierta en las glándulas suprarrenales. Su acción es antiinflamatoria y antialérgica.

A partir de su administración en el tratamiento, las mejorías son inmediatas. Sin embargo, la sola mención de su nombre, en la mayoría de los pacientes, generalmente despierta desconfianza.
En realidad, está comprobado, que su utilización y dosificación en manos de un buen especialista actúa como un verdadero medicamento salvavidas. Los corticoides repiten la acción química de la cortisona humana.
Las glándulas suprarrenales ubicadas a cada lado de nuestro cuerpo y por encima del riñon, son las encargadas de fabricar, entre otras sustancias, la hormona llamada cortisona, que influye en la asimilación de proteínas, glúcidos (hidratos de carbono), lípidos (grasas) y minerales. Desde 1941 se logró aislar sustancias corticosteroideas de la corteza suprarrenal para utilizarlas en medicina.
Es cierto que existen corticoides más beneficiosos que otros. Los numerosos medicamentos derivados de ellos (prednisona, prednisolona, triamcínolona, por ejemplo) ofrecen la posibilidad de elegir. Algunos tienen menos efectos secundarios que otros o son más efectivos para ciertos casos. Si aparecen efectos secundarios, estrías cutáneas, acné, insomnio, edemas, molestias hipertensivas, agravamiento de úlceras estomacales, etc., es posible que el médico decida suspender el tratamiento.
¿Cómo se llaman?
Aquí nos limitaremos a citar en orden alfabético a los que son utilizados más comúnmente: betametasone, deflazacort, desametasone, idrocortisone succinato; metilprednisolone, prednisolone, prednisolone tampo-nato, prednisolone y triamcinolone. Una de las propiedades principales de los corticoides es frenar determinadas reacciones inmunitarias de lucha contra una infección.
Aquellos pacientes cuyas glándulas suprarrenales no funcionan, deben ingerir dosis fisiológicas de corticoides sintéticos para mantener el equilibrio hormonal del cuerpo. Pero, no siempre se puede echar mano de esta sustancia. Las personas con descompensaciones cardíacas, enfermedades psíquicas, hipertensión, embolia, úlcera gastroduodenal, tuberculosis evolutiva y deficiencia en la nutrición, deben abstenerse de su uso.
Es imprescindible recordar que el tratamiento, en cualquiera de sus formas: oral, inyectable, pomadas a base de cortisona, siempre debe realizarse bajo la supervisión de un experto profesional, ya que los corticoides mal suministrados pueden generar alteraciones del humor, psicopatías y nerviosismo y si bien los tratamientos antialérgicos y antíínflamatorios a base de corticoides son curativos, sus efectos son transitorios, no definitivos.
Una vez suspendida la medicación, el proceso patológico puede reaparecer. También es necesario tener en cuenta que no se debe interrumpir el tratamiento en forma abrupta, así se evitarán fenómenos de recidivas (rebrotes).
Lo correcto es disminuir paulatinamente la administración de esta sustancia, para que no aparezcan nuevamente los síntomas de la enfermedad curada.
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