Las enfermedades de la sangre o hematológicas son de muy diversos tipos. A pesar de su variedad, todas ellas son igual de importantes y requieren de la máxima atención médica. En las próximas líneas te vamos a presentar las más comunes entre la población y que debes conocer.
¿Qué son las enfermedades hematológicas?
Las enfermedades hematológicas se podrían definir como un conjunto de patologías que tienen un efecto determinado sobre los distintos componentes que alberga la sangre, tanto en lo referente a su composición, como a su morfología o cantidad.
Las más frecuentes se producen ante una disminución en el número de células de la médula ósea, así como una reducción en la producción de los glóbulos rojos, las plaquetas y/o los leucocitos.
Los síntomas generales que suelen presentar los pacientes con esta clase de patologías son, por ejemplo, la dificultad para respirar, la fatiga y la palidez. No obstante, en muchas ocasiones, las manifestaciones a nivel clínico suelen ser más confusas e inespecíficas, pudiendo cursar con otra clase de sintomatología como fiebre, pérdida de peso, sudoración excesiva durante la noche o falta de apetito. Junto a todas estas y, dependiendo de los casos, podemos destacar otros síntomas como aumento del tamaño del bazo y los ganglios linfáticos, dolor óseo en las articulaciones y las extremidades o aparición de hematomas.
En un porcentaje reducido de los casos, que se cifraría en torno al 5% o el 8%, podemos destacar una afectación del sistema nervioso central en que el paciente sufre de cefaleas, náuseas, vómitos y dolor.

Grupos de enfermedades hematológicas
Podemos diferenciar varios grupos de enfermedades de la sangre:
- Coagulopatías: se caracterizan por una propensión a sangrar con frecuencia y con cierta facilidad. Se pueden deber a anomalías presentes en la sangre o alteraciones en los vasos sanguíneos. Estaríamos hablando de afecciones como la trombosis.
- Anemias: se hace alusión a esas patologías o enfermedades donde hay un número bajo de glóbulos rojos o hemoglobina en sangre. Hay muy diversos tipos que luego mencionaremos.
- Trastornos proliferativos: se hace referencia a esas patologías en las que la médula ósea produce una cantidad considerable de células plasmáticas (glóbulos, blancos, rojos o plaquetas). A esta sección correspondería, por ejemplo, la leucemia.
- Hemoglobinopatías: la hemoglobina es la proteína encargada de trasportar el oxígeno a todos los tejidos del cuerpo. Cuando la producción de dicha proteína se ve afectada, estamos hablando de hemoglobinopatías. A este ámbito pertenecerían, por ejemplo, afecciones como las talasemias.
Los problemas en la sangre más habituales
Para que te hagas una idea de cuáles son los problemas más comunes en la sangre, el hematólogo Gutiérrez de Guzmán ofrece las siguientes declaraciones:
¿Cuáles son las enfermedades de la sangre más frecuentes?
Las enfermedades hematológicas más comunes son las siguientes:
1. Anemia
Se caracteriza por la existencia de una cantidad insuficiente de glóbulos rojos sanos en la sangre. No debemos olvidar que dichos glóbulos se encargan de transportar el oxígeno a los diferentes tejidos y órganos vitales, por lo que si no cumplen su función como es debido pueden provocar daños especialmente graves en el organismo.
En función de cuál sea la causa de la destrucción de estos glóbulos rojos, podemos destacar varios tipos de anemia: ferropénica (la más común debida a la carencia de hierro), perniciosa (no se produce en cantidad suficiente la proteína que favorece la absorción de la vitamina B12), por deficiencia de ácido fólico, por enfermedades crónicas, aplásica idiopática (daña las células madre encargadas de la producción de las células sanguíneas en la médula ósea), hemolítica (el propio sistema inmune es quien destruye los glóbulos), depranocítica (alteración de la hemoglobina al cambiar los glóbulos rojos) o por déficit de vitamina B12.
A pesar de su extensa tipología, la anemia puede presentar algunos síntomas comunes como, por ejemplo, palidez, cansancio prolongado, debilidad, problemas de concentración, mareos, dolores de cabeza, uñas quebradizas o caída capilar.
En lo referente a su tratamiento, va a depender de su causa y su gravedad, pero , a grandes rasgos, se podría destacar la toma de suplementos de hierro, ácido fólico o vitamina B12, medicamentos que inhiban el sistema inmunitario, trasfusiones de sangre o eritropoyetina para ayudar a la médula ósea a que produzca más células sanguíneas.
2. Leucemia
La leucemia posiblemente sea una de las enfermedades de la sangre más graves de las expuestas en este listado. Es más conocida como cáncer hematológico, dado que afecta principalmente a la médula ósea que es donde se generan las células sanguíneas (hablamos especialmente de los leucocitos). A pesar de que puede aparecer a cualquier edad, esta clase de cáncer es uno de los más frecuentes en niños por debajo de los 15 años de edad.
En función del ritmo de progresión, la leucemia se podría clasificar en crónica (si la progresión es lenta) o en aguda (si la progresión es muy rápida). A pesar de que existen muy diversas clases de leucemia (linfoide aguda o crónica, de células pilosas, mieloide aguda o crónica), se podría decir que los síntomas habituales son: tendencia al sangrado, propensión a sufrir infecciones, dolor en huesos y articulaciones, aparición de hematomas (aunque son poco frecuentes), debilidad o cansancio, fiebre, falta de apetito, palidez o inflamación ganglionar.
En cuanto a los tratamientos, la quimioterapia es el principal. En este caso se emplean sustancias químicas para matar las células de leucemia. Según su tipología, es posible que recibas una sola clase de medicamento o varias, ya sea por vía oral o intravenosa. Más allá de la quimioterapia, también se destacaría la terapia dirigida (fármacos con diana específica que pueden producir la muerte de células cancerosas), radioterapia (uso de rayos X principalmente para dañar las células cancerosas y detener su crecimiento), trasplante de médula ósea, la inmunoterapia o tratamientos más especializados como la terapia con linfocitos T con receptor quimérico para el antígeno CAR.
3. Linfomas
Otra de las enfermedades hematológicas la encontramos representada en los linfomas. Lo cierto es que bajo esta denominación nos podemos referir a nada más y nada menos que a una treintena de cánceres que afectan a un mismo sistema: el linfático. Este último está formado por los ganglios, el bazo, los vasos linfáticos, las amígdalas, la linfa, el timo y la médula ósea. Dado que esta modalidad de cáncer se localiza en primer término en los linfocitos puede manifestarse en cualquier parte del cuerpo humano.
Es el séptimo cáncer de mayor incidencia y noveno en mortalidad según estadísticas. Los hay de dos clases: el de Hodgkin y el de no Hodgkin. Este último suele afectar principalmente a los adultos y se agrava con la edad, mientras que el primero afecta a pacientes de cualquier edad, especialmente los situados entre los 15 y los 40 años.
Se desconoce la causa de estos cánceres, aunque se sospecha que hay una serie de enfermedades que podrían predisponer a padecerlos como la artritis reumatoide, la enfermedad de Crohn o el Lupus eritematoso. Aunque también de la exposición a plaguicidas como otra de sus causas.
Según el grado y el tipo de linfoma del que estemos hablando se podrían resaltar síntomas comunes como cefaleas, tos, falta de apetito, inflamación de los ganglios, sudoración inexplicable, dolor óseo o abdominal o adelgazamiento repentino.
En lo referente a su tratamiento, tanto en el linfoma de Hodgkin como de no Hodgkin, lo principal es la quimioterapia y la radioterapia. No obstante, hay que considerar que los protocolos a seguir son bastante complejos y pueden variar en función de lo grados y los tipos. En el caso concreto de los linfomas de Hodgkin, recientemente se ha incorporado como tratamiento el trasplante de células madre.

4. Hemofilia
Nos encontramos ante una enfermedad genética hereditaria recesiva caracterizada por una alteración o ausencia de los factores de coagulación de la sangre. Esto supone que el paciente sufre de hemorragias constantes ante una simple herida, por ejemplo.
Este trastorno hemorrágico puede ser de tres tipos: A (el más común, afectando a pacientes varones), B (menos común que el anterior), C (afecta a un reducido porcentaje y se caracteriza por una falta de síntesis del factor de coagulación XI).
Como hemos comentado, la principal causa de la hemofilia es debida a un cambio o mutación en uno de los genes encargado de dar las instrucciones adecuadas para producir las proteínas del factor de la coagulación. Este cambio puede provocar que las proteínas en cuestión no funcionen correctamente o que no estén presentes.
Sus principales síntomas serían las hemorragias en las articulaciones (puede generar hinchazón o rigidez en rodillas, codos y tobillos), en boca y encías, después de una circuncisión, en la cabeza de un recién nacido después del parto, después de recibir inyecciones o sangre en la orina y en las heces.
En lo referente a los tratamientos, uno de los más eficaces es la infusión por vía intravenosa de plasma fresco previamente congelado o concentrados de factores de coagulación plasmáticos o recombinantes. Este tratamiento puede ser preventivo (habría que inyectarse el factor varias veces por semana) o aplicarse directamente cuando se produce una hemorragia o el paciente se va a someter a una intervención quirúrgica. Hoy en día se dispone de un medicamento llamado desmopresina que se administra por inyección o vaporización nasal, pero que es útil únicamente para la hemofilia A.
El tratamiento con hemofilia también se puede complementar con la fisioterapia, pensada para que el paciente mantenga una buena forma física evitando así lesiones musculares y óseas, las cuales podrían generar a su vez hemorragias internas.
5. Trombocitopenia
Otra enfermedad de la sangre más frecuente, con unos síntomas similares a la hemofilia, es la trombocitopenia inmune. Estamos hablando también de una destacada dificultad para la coagulación. La diferencia con respecto a la hemofilia es que, en lugar de faltar factores de coagulación, en este caso, el déficit se encuentra en el número de plaquetas.
En lo referente a su sintomatología, resaltamos una vez más la posible presencia de sangre en heces y orina, períodos menstruales excesivos en el caso de la mujer, sangrado inexplicable en la nariz y superficial en la piel (lo que se conoce como petequias) o tendencia a la aparición de moratones.
La trombocitopenia puede durar días o años, en función del tipo de paciente y de la gravedad de la afección. Si, por ejemplo, la afección se relaciona con el sistema inmune como es el caso, el profesional médico suele recetar corticosteroides. También se puede optar por las transfusiones de sangre si el nivel de plaquetas es muy bajo, la cirugía o el recambio plaquetario.
6. Enfermedad de Von Willebrand
Nos hallamos ante otro trastorno sanguíneo en el que la sangre no coagula correctamente. Una de las muchas proteínas que ayudan a que el cuerpo frene en su proceso de sangrado es la conocida como Von Willebrand. Los pacientes con esta enfermedad presentan un nivel bajo de este tipo de proteínas, de ahí su sangrado frecuente.
En cuanto a sus síntomas, se mencionaría el sangrado nasal frecuente o difícil de frenar, sangrado mensual abundante, aparición de moratones y, en definitiva, sangrar durante más tiempo de lo normal después de sufrir una lesión, operación, parto o una intervención dental.
Para su tratamiento, lo más frecuente sería el atomizador nasal de acetato de desmopresina (para los casos más leves), inyección de este mismo acetato por vía intravenosa, tratamiento restitutivo del factor (para los casos más graves; se inyectan por vena para reponer el factor faltante en sangre), medicamentos antifibrinolíticos (desaceleran o previenen la formación de coágulos de sangre) o, incluso, píldoras anticonceptivas (reducen la pérdida de sangre menstrual y pueden aumentar los niveles del factor).
7. Hemocromatosis
Al contrario de lo que sucede con la anemia, en esta enfermedad hematológica nos encontramos ante una cantidad excesivamente elevada de hierro en la sangre. Una de las principales causas que explicarían este hecho sería la tendencia a una absorción considerable de este mineral, algo que puede resultar especialmente tóxico para el organismo.
Y, es que, cuando hay demasiado hierro, el organismo empieza a almacenarlo en otros órganos y tejidos, dando lugar a la aparición de síntomas tan característicos como dolor en las articulaciones, dolor abdominal, debilidad o fatiga.
Pero los problemas reales surgen cuando el hierro se acumula en órganos como el páncreas, el hígado o el corazón, ya que podrían derivar en enfermedades cardíacas, diabetes o insuficiencia renal.
El tratamiento de la hemocromatosis consiste en una terapia conocida como flebotomía, es decir, extracciones periódicas de sangre que ayudan a recudir la cantidad de hierro. De forma complementaria, el paciente ha de evitar la ingesta de alimentos y productos ricos en este mineral.
Para más datos acerca de las enfermedades hematológicas, te dejamos con la doctora Mercedes Gironella, especialista en hematología:







