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  • Operación de cataratas: en qué consiste y cuándo hay que planteársela

    Operación de cataratas: en qué consiste y cuándo hay que planteársela

    Ver el mundo cada vez con menos nitidez es algo que muchas personas achacan, casi por costumbre, al paso de los años. Los colores parecen más apagados, la luz del sol molesta más de lo habitual y conducir de noche se vuelve una tarea incómoda. Detrás de estos síntomas se esconde, con mucha frecuencia, una de las afecciones oculares más comunes a partir de cierta edad: las cataratas. La buena noticia es que, hoy en día, la operación de cataratas es una de las intervenciones quirúrgicas más seguras y con mejores resultados de toda la oftalmología, y conocer bien en qué consiste ayuda a afrontarla con mucha más tranquilidad.

    Qué son las cataratas y por qué aparecen

    El cristalino es esa pequeña lente natural situada justo detrás de la pupila que permite enfocar los objetos a distintas distancias. Con el paso del tiempo, sus componentes internos, principalmente agua y proteínas, se van alterando y apelmazando poco a poco, hasta formar una especie de película que impide el paso correcto de la luz. Ese proceso, lento y progresivo, es justamente lo que se conoce como catarata, y la edad sigue siendo, sin duda, su causa más habitual.

    Aunque el envejecimiento explica la mayoría de los casos, no es el único factor que interviene. Las personas con diabetes, quienes han estado muy expuestas a la radiación solar durante años, los pacientes que han recibido tratamientos prolongados con corticoides o han sufrido algún golpe en el ojo, e incluso los fumadores, tienen más probabilidades de desarrollar cataratas antes de lo esperado. La verdad es que, al tratarse de un proceso tan gradual, resulta habitual no darse cuenta de lo que está ocurriendo hasta que la visión ya se ha visto notablemente afectada, algo que conviene tener presente antes de restarle importancia.

    Precisamente por ese carácter silencioso, conviene prestar atención a una serie de señales que suelen repetirse entre quienes desarrollan esta afección:

    • Visión progresivamente borrosa, como si se mirara a través de un cristal empañado.
    • Mayor sensibilidad a la luz y deslumbramientos frecuentes, sobre todo al volante durante la noche.
    • Percepción de los colores más apagados o menos vivos de lo habitual.
    • Necesidad de cambiar la graduación de las gafas con más frecuencia de la normal.
    • Dificultad creciente para leer o para distinguir detalles en ambientes con poca luz.

    Ninguno de estos síntomas aparece de golpe, y esa es precisamente la trampa: se van instalando poco a poco en la rutina diaria hasta que uno termina adaptándose a ver peor sin ser plenamente consciente de ello.

    Cuándo conviene acudir al oftalmólogo

    No hace falta esperar a que la vista falle por completo para pedir cita con el especialista. De hecho, a partir de los 40 o 50 años se recomienda incluir una revisión oftalmológica periódica dentro de los chequeos habituales de salud, precisamente porque es la edad en la que estas afecciones empiezan a manifestarse con más asiduidad. El oftalmólogo será quien determine, mediante una exploración del cristalino, en qué punto se encuentra la catarata y si conviene ya intervenir o si, por el momento, basta con ajustar la graduación de las gafas.

    Y es que la decisión de operar no siempre es inmediata. En sus fases iniciales, la catarata puede convivir bastante bien con unas gafas adecuadas, y muchos pacientes retrasan la cirugía sin ningún problema durante bastante tiempo. Sin embargo, cuando la pérdida de agudeza visual empieza a interferir en el día a día, ya sea para leer, conducir o simplemente moverse con seguridad por casa, suele ser el momento de hablarlo en serio con el especialista y valorar la operación de cataratas como la solución definitiva.

    En qué consiste la intervención y la recuperación posterior

    La cirugía consiste, básicamente, en retirar el cristalino opacificado y sustituirlo por una lente intraocular artificial que asume su función. Actualmente existen dos técnicas principales para llevarla a cabo. La primera, la facoemulsificación, utiliza ultrasonidos para fragmentar la catarata a través de una microincisión de apenas dos milímetros, tras la cual se aspiran los restos y se implanta la nueva lente. La segunda, más reciente, emplea el láser de femtosegundo para realizar con una precisión milimétrica tanto la incisión como la fragmentación de la catarata, lo que en muchos casos reduce el tiempo de recuperación y el riesgo de complicaciones.

    Se trata de una intervención ambulatoria, realizada bajo anestesia tópica y sedación, por lo que el paciente permanece consciente y sin dolor durante todo el proceso, y puede volver a casa el mismo día. El postoperatorio, además, suele ser bastante llevadero: durante las semanas siguientes se aplican colirios para evitar infecciones e inflamaciones, junto con lágrimas artificiales que ayudan a mantener el ojo bien lubricado. La recuperación de la agudeza visual suele notarse ya en los primeros días, aunque el proceso completo de cicatrización puede prolongarse alrededor de un mes, siempre bajo el seguimiento del oftalmólogo.

    Conviene recordar, también, que cuando ambos ojos necesitan cirugía, lo habitual es operarlos en días distintos, dejando que el primero se recupere antes de intervenir el segundo. Esta forma de proceder, lejos de complicar las cosas, aporta mayor seguridad al conjunto del tratamiento y permite valorar los resultados de cada intervención por separado.

    Al final, lo que hace que la operación de cataratas genere tanto respeto sea, en buena parte, el desconocimiento sobre cómo se desarrolla realmente. Se trata de una de las cirugías más practicadas del mundo, con una tasa de éxito muy alta y una recuperación, en la gran mayoría de los casos, sorprendentemente rápida. Acudir al especialista ante los primeros síntomas, entender bien las opciones disponibles y no dejar pasar demasiado tiempo son, sin duda, los pasos más sensatos para recuperar una visión nítida y volver a disfrutar de los pequeños detalles del día a día.